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El cine de Nanni Moretti (Iª parte)

Hace  algún un tiempo, una de las revistas especializadas más prestigiosas de la historia, Cahiers Du Cinéma, colocaba como mejor película del pasado año 2011 “Habemus Papam”. El director de esta película es el italiano Nanni Moretti, un realizador diferente, que a lo largo de su carrera ha llevado al cine por distintos y brillantes caminos. En esta primera parte de lo que será un repaso completo a su filmografía, recordaré sus primeros pasos como cineasta. Seguramente, su etapa más demencial y al mismo tiempo quizás la más lúcida; los 70 y los 80 son testigos del nacimiento de un cine difícil, insoportable para algunos, e insultantemente genial para otros.

Moretti, de padres profesores, nace en 1953 en la pequeña ciudad de Brunico pero vivirá casi siempre en Roma. Su talento y atención se concentraron muy pronto en el waterpolo, llegando incluso a la Selección Nacional juvenil, y, cómo no, en el cine. Por las tardes va al cine; por las noches se entrena. Pese a intentar hacer una licenciatura en ciencias de las artes, música y espectáculo en Bolonia y dejar en segundo plano el deporte, el joven Nanni se ve más atraído por el cine en su parte práctica que en su versión teórica y no termina sus estudios. La cámara Super 8, con la que ya había empezado a experimentar, se convierte en su mejor amiga.  El director italiano empieza a idear y filmar sus primeros cortos (“La sconfitta”, “Paté de burgeois” y “Come parli frate?”) en los que se intuyen temáticas y estilo que más tarde se repetirán con más fuerza.

La gran oportunidad llega en 1977 con su primer largometraje, pieza clave para entender el cine de Moretti: “Io soy un autárquico (Io sono un autarchico)”. Esta ópera prima, rodada en Super 8 y entre amigos,  marca sobremanera la forma de hacer cine del director italiano.  “Io soy un autárquico” cuenta la historia de Michele (nombre muy utilizado en los personajes interpretados por Moretti), un romano casado y con un hijo, que un día es abandonado por su mujer. Su actividad se reduce entonces a cuidar de su hijo y a actuar en una obra de teatro experimental con sus amigos.

Si bien esta primera película puede parecer un experimento algo cutre, revela que el cine de Moretti  desde un principio rechaza frontalmente la narración convencional; no pretende ser una ventana a la realidad y rechaza cualquier aspecto naturalista. Esta sátira absurda del incierto mundo juvenil es más bien un modelo de lo real pero que existe y funciona solo en cuanto está proyectado en una pantalla: fuera de ella, ese universo dramatúrgico, donde aparecen situaciones y personalidades concretas, no tiene sentido.

Aupado por el auge de los cineclubs y el entusiasmo de la crítica, nuestro autárquico graba rápidamente su segunda película: “Ecce Bombo” (1978). Esta película desarrolla la temática cercana a los jóvenes de “Io soy…” y lo lleva a un nivel mejorado y profesional, más horizontal, donde la progresión narrativa se aleja definitivamente de lo lineal y consecutivo, reduciéndose a una serie de viñetas y situaciones de lo más absurdas.  “Ecce Bombo” es  la película que todos hubiésemos querido hacer para describir nuestra juventud; desternillante y sin memoria dramática,  Moretti no intenta reírse del mundo en sí, sino de una visión del mundo que pretende ofrecer un modelo exhaustivo de la realidad a través del cine. Para él, las imágenes te reenvían a sí mismas. Muchas de las que aparecen en “Ecce Bombo”, llenas de personajes patéticos y alienados, quedarán para siempre y para muchos como algunas de las más inspiradas, incisivas y geniales que salieron de la mente de Moretti. Mi favorita.


Tres años y alguna dificultad de producción después, se estrena “Sueños dorados (Sogni d’oro)”(1981). Centrándose en las vicisitudes de un director de cine en plena crisis creativa, la película pierde algo de la frescura demencial de su anterior película pero mantiene las constantes vitales del cine de Moretti: reflexión crítica y metafórica sobre la contemporaneidad y el papel del artista en sí mismo; es una película más que correcta, que por desgracia no fue realmente entendida ni aceptada por el público después del éxito de “Ecce Bombo”.

Otros tres años pasan hasta que el director italiano presenta “Bianca” (1984). Este film presenta una serie de pasos hacia adelante  en la dirección y en el guión, que en “Sueños dorados” no terminaban de asentarse. El personaje principal (otra vez Michele) presenta un espesor psicológico que no tienen sus anteriores protagonistas; un sistema de valores y presencia que evidencian un estudio del guión (hecho con colaboraciones) mucho más serio. Los demás personajes parecen tener una independencia con respecto a su protagonista de la que antes no gozaban. La puesta en escena sigue ciertas reglas; es más madura: descubrimos a un Moretti completo a nivel visual. Aunque en la primera parte encontramos los gags e histrionismos de siempre, en la segunda todo toma un tinte de policíaco y de tragedia desconocido anteriormente. Un gran acierto que se convirtió en seguida en un éxito.

El siguiente largometraje no se hace esperar; un año después de “Bianca” llega “La misa ha terminado” (La messa é finita)”(1985).  Esta película sigue la senda de la anterior y se reafirma en un estilo formal mucho más clásico. Como en “Sueños dorados”, vuelve la crisis como punto clave en la vida del protagonista, en este caso un sacerdote. Inteligente, divertida, sobria y poco complaciente con aquellos que esperaban una profunda reflexión sobre la fe, “La misa ha terminado” esconde más ideas de las que parece.

Su última película de los 80 es “Vaselina Roja (Palombella Rossa)” (1989). La película cuenta la historia de un dirigente del partido comunista italiano y jugador de waterpolo (como lo fue el joven Moretti) que pierde la memoria en un accidente de tráfico. En el partido decisivo de la temporada, los recuerdos empiezan a confundir su mente. “Vaselina Roja” parece un sueño dentro de una película o una película dentro de un sueño, un cumulo de situaciones en el que el tiempo se rompe, se para, se dilata o no existe siquiera. Considerada su película más autobiográfica y mental, “Vaselina Roja” sorprende y hace reír por lo grotesco y te obliga a admirar a un cineasta genial y absolutamente moderno que antes de entrar en los años 90 ya había dejado su huella en el cine italiano ( y europeo) para siempre.  Será la genial última película del Moretti más autárquico y alejado de los cánones.

En la 2ª parte de este monográfico repasaremos sus películas de los 90 y las más recientes en el siglo XXI.

Arturo Tena

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