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Yo vengo aquí a hablar del libro: El Año que Vivimos Peligrosamente (The Year of Living Dangerously)

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El objetivo de estas líneas es comparar, de forma muy resumida, las películas con los libros en los que se basan. El cine ha bebido de la literatura desde siempre y puede resultar interesante ver cuáles son las similitudes y diferencias entre las dos representaciones de una misma obra: veremos finales que se cambian, cómo algunos personajes desaparecen, aparecen o cambian, los giros en la trama para que teóricamente ésta resulte más interesante en pantalla, qué se corta, qué se alarga y qué se añade, etc. Para ello tendremos a veces que contar detalles que es mejor no desvelar a aquellos que no han visto la película o leído el libro pero bueno, ya estáis avisados…

“El año que vivimos peligrosamente”, del escritor australiano Christopher J. Koch, narra los meses que precedieron a la caída del presidente indonesio Sukarno el 30 de septiembre de 1965. Koch nos muestra el delicado equilibrio que Sukarno intentaba mantener entre el Islam, el ejército, el nacionalismo, el comunismo y los diversos intereses que actuaban en la zona incluyendo, sobre todo, los de Estados Unidos, China y Rusia. Dicho equilibrio se rompió la noche del 30 de septiembre cuando una facción del ejército denominada “Movimiento 30 de Septiembre” ejecutó a seis generales que, supuestamente, planeaban un golpe de estado. La situación se volvió en contra del Movimiento cuando el general Suharto y sus seguidores en el ejército acusaron al Partido Comunista Indonesio (PKI) de estar detrás del Movimiento y haber intentado asumir el poder utilizando el pretexto de evitar un golpe de estado. Así fue como Suharno subió al poder inaugurando una dictadura de 31 años que le costaría al PKI, según algunas fuentes, más de medio millón de muertos.

Estos acontecimientos sirven de telón de fondo tanto a Koch como al director de cine Peter Weir, para mostrarnos la especial relación entre el periodista Guy Hamilton (Mel Gibson) y el cámara Billy Kwan, interpretado por la actriz Linda Hunt en la que muchos consideran su interpretación más memorable y que le valió un Oscar.

Hamilton es un periodista inglés novato y criado en Australia al que Kwan, mitad chino y mitad australiano, favorecerá tanto a nivel profesional como personal. Esta mezcla de culturas y “apatriedad” que ambos comparten será determinante para crear un nexo de unión frente al resto de personajes cuya caracterización responde bastante a los tópicos. En cuanto a esto último, tanto Koch como Weir utilizan a sus personajes para representar, a modo del tradicional teatro indonesio o wayang, las tensiones presentes en el país que finalmente desembocaron en la caída de Sukarno. Así, el grupo de periodistas extranjeros presente en Yakarta para cubrir la situación política podría verse como una síntesis de los valores que caracterizan al mundo occidental; el coronel Henderson encarna los vestigios del colonialismo holandés presente en Indonesia hasta el año 1945 ; también tenemos un retrato del Partido Comunista Indonesio en Kumar, el asistente de Hamilton, y nos asomamos a la influencia soviética en el país gracias a la agregada cultural de la embajada rusa Vera Chostiakov (a la que la película sustituye por la novia de Kumar).

Presidiendo la pequeña representación orquestada por los personajes que acabamos de ver , Kwan y Hamilton desarrollan su propia historia. Ambos, en un curioso triángulo, están enamorados de la misma mujer: Jill Bryant (Sigourney Weaver), secretaria de la embajada británica. Koch reserva a este trío los papeles protagonistas de un tradicional drama del wayang en el que el Enano (Kwan) se suicida tras ayudar (sólo para ser traicionado después) al príncipe Arjuna (Hamilton) a conseguir a su princesa Srikandi (Bryant)

Todo es una  sombra en el wayang, al que se concede un papel protagonista tanto en libro como en la película. Escritor y director lo utilizan para mostrarnos situaciones reales de la misma forma en la que se sirven de los personajes para representar las tensiones que sacudían el país. Por ejemplo, Koch, en un párrafo profético describe una representación a la que asiste Hamilton y que describe su propio futuro : “Hamilton […] no llegaría a saber nunca cómo Arjuna […] destruye el equilibrio del universo […] y tampoco verá a Semar el Enano […] sentado derramando lágrimas: nunca entenderá la tristeza de Semar”. En este pasaje no tenemos dificultad en vislumbrar lo que será el destino de Hamilton y Kwan.

Hasta ahora hemos visto que libro y película coinciden bastante, pero hay ciertas diferencias en la trama y también en el modo de contarla.

En su película, Weir eliminó al narrador haciendo caer todo el peso de la historia en Kwan. Koch en cambio, utiliza a Cookie, uno de los periodistas extranjeros, para guiarnos en la historia y servir de confidente de Hamilton. También será quien se encargue de recuperar los archivos de Kwan al morir éste para evitar que caigan en manos equivocadas. El director también alteró la relación entre el coronel Henderson y Hamilton. En el libro es mucho más cordial. De hecho, es el propio coronel quien cuida al periodista en la embajada inglesa cuando recibe el golpe que casi le cuesta el ojo.

Otra diferencia fundamental afecta al personaje de Bryant. En el libro, Bryant trabaja en la embajada inglesa y no tiene previsto dejar el país. Koch nos cuenta que ha pasado por un divorcio traumático y que acaba de salir de una relación fallida con un periodista en Yakarta. Se siente insegura en un mundo mayoritariamente masculino y está muy pendiente de los rumores ya que pueden afectar de forma fatal a su reputación. Cuando se queda embarazada de Hamilton y éste , que aun no lo sabe, la traiciona revelando a terceros cierta información confidencial, Bryant queda en una posición extremadamente vulnerable tanto desde el punto de vista profesional como personal. La única salida que ve es dimitir y regresar a su Inglaterra natal. Weir, sin embargo, suprime toda referencia al embarazo y motiva las continuas negativas de Bryant ante los avances de Hamilton en el simple hecho de no querer comenzar una relación cuando le quedan tan sólo tres semanas en el país.

Por otra parte, la joven independiente y fuerte que Weir nos muestra no tiene nada que ver con el personaje descrito por Koch, y esta diferencia también influye en el aspecto físico. El escritor la describe como una chica muy joven, rubia, de baja estatura (“Hamilton pensó que era lo suficientemente baja como para parecer natural al lado de Billy”), con gafas y mandíbula inferior retraída. Es casi imposible imaginar una descripción más opuesta a la de Weaver. Pese a ser una gran actriz entiendo que no ayuda a crear una imagen de vulnerabilidad el hecho de que mida 1,80 (más alta que Gibson) y que posea unos rasgos que, desde mi punto de vista, exudan determinación.

Weir tuvo más fortuna con Kwan. Físicamente Hunt coincide en todos los detalles con la descripción del personaje de Koch salvo en el color de los ojos y ,gracias a su excelente interpretación , es prácticamente un calco del personaje creado por el escritor. En cuanto a Hamilton, está correctamente representado por Gibson y, puede que en parte debido a lo comentado en relación con el personaje de Weaver, en ocasiones parece un adolescente haciendo gansadas alrededor de Bryant en lugar de ser la roca a la que la joven pretende agarrarse. En general, la película se ajusta bastante al libro. No obstante , pienso que la escena en la que Hamilton y Bryant se saltan un control de carretera es superflua ademas de increíble.

Por último, señalar que la banda sonora de Jarre y Vangelis merece una mención especial. “El año que vivimos peligrosamente” es para mí (y al igual que me sucede con Érase una vez en America) una de esas películas que van asociadas de forma inseparable a una melodía formando un todo y no simplemente como un elemento más.

Curiosidades:

Clifford Geertz en sus Ensayos sobre la Interpretación de las Culturas nos cuenta que en una historia de wayang, Semar (el Enano) le dice a Arjuna : “Así es como me tratas después haberte seguido, amado y servido lealmente” … , arderé hasta morir.” Tanto en el libro como en la película, Kwan le dice algo muy parecido a Hamilton y, tal y como sucede en la representación de wayang, acaba muriendo tras ser traicionado por su héroe.

El titulo de ambas obras proviene de un discurso, que resultó ser profético, del presidente Sukarno en 1964 en el que aludía al año siguiente como “el año que viviremos peligrosamente” haciendo referencia a las tensiones internas protagonizadas entre otros , por grupos radicales musulmanes y comunistas.

Tanto Weir como Gibson recibieron varias amenazas de muerte durante el rodaje por parte de grupos radicales musulmanes.

Mercedes Cal González

Yo vengo aquí a hablar del libro: El Año que Vivimos Peligrosamente (The Year of Living Dangerously) , 8.0 out of 10 based on 4 ratings
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1 Comentario

  1. Muy buena crítica.

    He visto la película y acabo de terminar de leer el libro que al final se me ha hecho algo pesado.

    Una duda: al final da a entender que Hamilton pierde el ojo cuando miente a Jill diciendo que cada día ve un poco mejor a pesar de que sigue viendo la “pantalla parda” que ve desde que recibe el golpe?.

    Por cierto leyendo el libro la imágen que tenía cada vez que aparecía Billy Kwan era la de la actriz Linda Hunt.

    Un saludo

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