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Crónicas desde el 13 Festival de cine europeo de Sevilla (1ª parte)

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Sin lugar a dudas, el festival de cine europeo de Sevilla se está convirtiendo, año tras año, en uno de los más interesantes de los que se celebran en nuestro país. El mero hecho de limitar su foco a películas de producción eminentemente europea propicia que, junto a películas estrenadas en otros festivales de mayor importancia, lleguen a sus pantallas determinadas propuestas que de otra manera no pisarían nuestras salas.

XIII Festival de cine europeo de Sevilla

Aparte de una interesante selección de cine patrio, se nota la mano de José Luis Cienfuegos (lo dirige desde 2012) a la hora de seleccionar las películas a competición. Entre ellas, hemos podido disfrutar de la propuesta islandesa Heartstone, la americana Amor y amistad y las francesas Une Vie y Le Fils de Joseph. Asimismo hemos asistido al estreno en territorio español de La muerte de Luis XIV, incomprensiblemente fuera de competición, y de obras tan dispares como Jamais Contente, Dogs o Ikarie XB-1.

A pesar de nuestra corta estancia en Sevilla, José Félix Collazos y servidor abandonamos la capital hispalense con un excelente sabor de boca y con la necesidad de escribir sobre las películas que han estimulado nuestras retinas durante los tres primeros días del festival. Dos crónicas y dos puntos de vista tan diferentes como complementarios. Os presento el mío en las siguientes líneas:

La muerte de Luis XIV (La Mort de Louis XIV)

Albert Serra deja atrás las excentricidades de sus anteriores trabajos para abrazar el hiperrealismo extremo que transpira cada uno de los planos de La muerte de Luis XIV. Apoyado en la sensacional interpretación de Jean-Pierre Léaud, que para siempre ha dejado de ser el niño de Los 400 golpes para convertirse en el Rey Sol, y en la fotografía de Jonathan Riquebourg, en la que cada imagen parece concebida como un cuadro que avanza inevitablemente hacia el suspiro final, el cineasta catalán ofrece una experiencia que trasciende lo cinematográfico y se adentra en lo vital. De esta manera, el espectador goza del privilegio o el tormento de asistir a los últimos momentos de vida del monarca francés, esos en los que la naturaleza iguala a poderosos y siervos, ricos y pobres, buenos y malos. Una de esas películas que hacen historia.

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Une Vie

A través de un magnífico uso de la elipsis y el flashback, Stephane Brize reconstruye la vida de Jeanne, esposa de un canalla mujeriego y madre de un hijo que nació para complicarle la existencia. Las imágenes de Une vie laten como el corazón de su protagonista, constantemente al borde de un abismo emocional. A lo largo de su narración, los recuerdos se abren paso entre los acontecimientos del presente para contrarrestar el permanente estado de tristeza de una mujer que no parece encontrar la felicidad. En todo momento el director galo invita al visionado activo de su narración, confiando en la inteligencia del espectador y ofreciendo una lección magistral de lenguaje cinematográfico. Su exceso de metraje no impide que esta vida tan trágica se erija en uno de los grandes melodramas del último cine francés.

Jamais Contente

Con El novato todavía fresca en la memoria, asistimos a la proyección de otra película francesa que aborda el tema de la adolescencia. Basada en la trilogía literaria Jounal d’Aurore, el debut de Emilie Deleuze (hija del gran filósofo cinematográfico Gilles Deleuze) desprende frescura  y una cierta autenticidad, además de contar con un magnífico reparto infantil en el que destaca su actriz principal. Al contrario que la obra anteriormente mencionada, Jamais contente aborda ese lado rebelde de la adolescencia que irrita a los adultos reticentes a recordar su pasado y a realizar un ejercicio de empatía. Si bien es cierto que algunos personajes adolecen de una construcción inacabada, el retrato de su joven protagonista acaba calando en el espectador por las acertadas situaciones de su guión y por una dirección funcional que si bien no destaca por nada en concreto tampoco entorpece la narración.

Dogs (Caini)

Porque no sólo de cine francés vive el Festival de cine europeo de Sevilla, en su programación también podemos encontrar una película rumana que aspira a reproducir la atmósfera y ciertos aspectos temáticos de los Perros de paja (¿es casual su título?) de Sam Peckinpah. Sin renunciar a las constantes del cine rumano más festivalero (planos estáticos, sentido del humor basado en situaciones absurdas, ritmo pausado), Bogdan Mirica construye una película que enfrenta a su protagonista urbanita contra un contexto rural dominado por unos mafiosos embrutecidos que no le aceptan como el nuevo propietario de unas tierras heredadas de su difunto familiar. A pesar de sus virtudes, entre las que se encuentran algunas secuencias dotadas de una tensión magníficamente contenida y unas notables interpretaciones, Dogs es demasiado explícita en pasajes que no lo requieren y recurre a las elipsis en los momentos destinados al estallido final de esa olla a presión tan cuidadosamente cocinada a lo largo del metraje.

Carlos Fernández Castro

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