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La Parte de los Ángeles (The Angel’s Share) (2012)

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Nota: 7,5

Dirección: Ken Loach

Guión: Paul Laverty

Reparto: Paul Brannigan, John Henshaw, Gary Maitland, William Ruane , Jasmin Riggins, Roger Allam, Siobhan Reilly, Charlie Maclean

Fotografía: Robbie Ryan

Duración: 97 min

Una vez leí que cuando estrenaron Sospechosos habituales, alguien fue al cine a verla y antes de entrar, vio que en el cartel que la anunciaba, en el que aparecían los cinco sospechosos de frente en una rueda de reconocimiento policial, alguien había pintado una flecha encima de uno de ellos y escrito: ‘Fue este’.  No pongo aquí encima de quién, en el caso de que algún lector que debe de vivir en otro planeta no la haya visto. Eso era un caso extremo, pero la verdad es que hoy es una tarea difícil no recibir, sin pedirlo, demasiada información sobre una película antes de verla. Hay situaciones de las que con un poco de empeño se puede escapar, como evitar los tráilers a toda costa, pero de otras no, como leer las frases de las críticas que estampan en la caja del DVD. Si vas a ver una película de Loach que se vende como ‘La versión escocesa de The Full Monty’, sabes que no va a ser precisamente un Kes o un Sweet Sixteen.  Con todo esto quiero decir que deliberadamente, la distribuidora te jode un poco la película (cosa distinta es leer una reseña, como la que escribo ahora: es un acto que espero sea voluntario, en el que sabes que algo te van a contar).

Robbie (Paul Brannigan) se salva por los pelos de volver a la cárcel, pero a cambio tiene que hacer servicios comunitarios. Entabla amistad con Harry (John Henshaw), su supervisor, aficionado al whisky, y con los otros que también has sido condenados,  como él. Una visita a una destilería da a Robbie una oportunidad de cambiar de vida.

Creo que Ken Loach debe estar haciéndose mayor, porque aunque sigue con su tema favorito, el de alguien que quiere escapar de la aparente inevitabilidad de una vida de pobreza, desesperanza y miseria, se deja llevar sin reparos por el optimismo a eso de la mitad de la película. Y yo debo de estar haciéndome mayor también, porque me parece maravilloso y magnífico y hace que se me salga la lagrimita y me dan ganas de llamarlo y darle las gracias emocionada. Ojo, que el optimismo de Loach no es de colorines y nubecitas. Robbie es un delincuente que busca una oportunidad, pero para cambiar de vida se propone cometer un delito. Podríamos llamarlo un delitillo. Si la víctima (bueno, victimilla) no se entera de nada, pues todos contentillos.

Loach ha vuelto a usar a actores no profesionales, que lo hacen muy bien y además se hacen cercanos y despiertan simpatía.  Ni son guapos, ni alguno tiene todos los dientes, ni están cuadrados. Son de Glasgow, pero uno nunca ha probado el whisky, otro no sabe qué es el castillo de Edimburgo (como vivir en Madrid y no haber oído hablar de el Monasterio de El Escorial, por ejemplo), y en general, son lo que algunos dirían el lumpen de la sociedad.

A los defensores del determinismo social a los que una película de ‘buen rollo’, o mejor dicho, de todo el ‘buen rollo’ del que Loach es capaz, les ofenda, les diría que se tomen una copa de whisky escocés, se dejen llevar y disfruten de una película que, mostrando una deprimente realidad, cree en el poder del libre albedrío.

Marina Sánchez Torrón

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