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Madre (Mother!, 2017)

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Poster de MadreNota: 8,5

Dirección: Darren Aronoksky

Guión: Darren Aronofsky

Reparto: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Michelle Pfeiffer, Ed Harris, Domhnall Gleeson, Kristen Wiig

Fotografía: Matthew Libatique

Duración: 120 Min.

Sentirse anulado por la persona a la que más se quiere podría considerarse como uno de los mayores miedos que acecha la mente de cualquier persona. Excepto para un artista, cuya peor pesadilla suele consistir en la ausencia absoluta de inspiración. Temas que parecen encajar milimétricamente en el catálogo de obsesiones psicológicas que jalonan la filmografía de Darren Aronofsky. Como ya ocurriera en Cisne negro, el cineasta americano se embarca en la exploración del lado más oscuro del ser humano y vuelve a dirigir el foco a sus rincones más sucios.

Sin embargo, las pequeñas incursiones en el mundo de lo irreal que frecuentaban el film protagonizado por Natalie Portman, evolucionan hacia un abandono casi absoluto de la realidad para alcanzar la abstracción que requieren los conceptos expuestos en Madre. Desde las primeras secuencias, Aronofsky establece el tono de un film que avanza progresivamente hacia los dominios de la locura. Si inicialmente creemos encontrarnos ante una situación un tanto extraña pero dentro de los márgenes de lo racional, a medida que avanza el metraje descubrimos el anzuelo empleado por el director para arrastrarnos a la pesadilla que vive su protagonista: una mujer se encuentra sometida al egocentrismo y a los cambios de humor de su marido, un escritor de éxito que, para reencontrarse con la inspiración, somete su matrimonio a experiencias absurdas, vejatorias y fuera de toda lógica.

Puede parecer una premisa convencional, pero el comportamiento perturnado de todos los personajes, excepto el de una Jennifer Lawrence que todavía conserva un pie en el mundo real, y su febril puesta en escena garantizan la atmósfera insana y el contexto demencial que hacen de Madre una experiencia tan inaudita como fascinante. En este sentido es fundamental el empleo de una cámara que nos transporta al punto de vista de la protagonista y muestra sus reacciones ante el esperpento que estalla a su alrededor. Como alter ego del espectador en la experiencia diabólica de Aronofsky, el personaje de Lawrence transmite desconcierto y zozobra, aparte de la impotencia derivada de comprobar que ni siquiera ella es capaz de reaccionar ante las vejaciones infligidas por su pareja.

mother! Left to right: Javier Bardem as Eli and Jennifer Lawrence as Grace

Aprovechando el contexto, Aronofsky recurre a la metáfora con el objetivo de perfilar la personalidad de la pareja protagonista. Ella reforma una casa que quiere convertir en hogar y que representa sus esfuerzos por construir el entorno ideal (¿un paraíso?) en el que consolidar su relación y, quien sabe, formar una familia. Por su parte, él está dispuesto a todo por escribir otro gran libro (¿EL Nuevo Testamento?) que le devuelva el éxito y el reconocimiento. A medida que transcurren los minutos, la casa es ocupada por una serie de personajes que alimentan la creatividad del escritor y profanan, de mil maneras posibles, las estancias tan cuidadosamente dispuestas por ella. El amor sometido a la tiranía del artista bloqueado dará paso a ese mismo amor sometido al triunfador incapaz de saciar el apetito de su insaciable ego.

Pero no deberíamos olvidar que Aronofsky también aborda la creación como nacimiento de una vida, como Génesis del universo y como momento en el que Adán (Es Harris) y Eva (Michelle Pfeiffer) son concebidos por Dios para disfrutar del paraíso bajo unas normas que posteriormente infringen, dando lugar al mundo tal y como lo conocemos. Asimsmo, esta alegoría bíblica convive con un posterior planteamiento ecologista que muestra la pésima relación entre el ser humano, agresivo e irrespetuoso, y la madre naturaleza. Como resultado de semejante cocktail, en Madre parecen convivir diferentes formas de existencialismo que oscilan desde la religión hasta la filosofía más excéptica.

Sin embargo, el drama de pareja ostenta un peso superior en el cómputo global de la película, dada su mayor continuidad argumental y la progresión de su atmósfera narrativa. Precisamente la evolución del personaje interpretado por Jennifer Lawrence justifica la estrategia reiterativa de Aronofsky para alcanzar el apocalipsis de su relato. Pretenciosa, intelectualmente prepotente, caótica y, contra todo pronóstico, un triunfo de ese cine que brota incontroladamente de las entrañas del creador muy a pesar de sus inquietas directrices cerebrales.

Carlos Fernández Castro

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