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Manchester frente al mar (Manchester by the sea) (2016), extraño vínculo de sangre

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Manchester frente al marNota: 8

Dirección: Kenneth Lonnergan

Guión: Kenneth Lonergan

Reparto: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan, Erica McDermott

Fotografía: Jody Lee Lipes

Duración: 135 Min.

Como recordaba Serge Daney: toda estética implica una metafísica. El eterno (y necesario) debate entre las formas y los mensajes que transmite la creación artística. La reflexión del genial crítico francés permite acercarse a la tercera película de Kenneth Lonergan, descubriendo que el gran éxito de este magnífico film reside en las decisiones de puesta en escena de su director. La sinopsis del film podría alimentar cualquier tv movie de fin de semana. Pero hay tanto respeto hacia los personajes y sinceridad en sus procesos, que esta crítica va a intentar contagiarse de ello no explicitando ninguno de los seísmos narrativos que incluye.

El centro del relato lo ocupa Lee Chandler (Cassey Affleck). Solitario, triste y crispado, las primeras secuencias del film nos hacen una presentación de su anodina existencia en Boston. Hasta que poco después del inicio se producirá la llamada (primer seísmo) de la familia, que le hará regresar a su pueblo natal, Manchester. El film va dosificando y explicitando las motivaciones por las que Lee se alejó de su entorno familiar. El guión alcanza unos altísimos niveles de precisión gracias al inteligente uso de los flashbacks. Estamos acostumbrados a ver este recurso en muchas ocasiones utilizado de forma caprichosa, efectista y abusiva. Lonergan se sirve de ellos para traducir el silencio y la contención del personaje principal. Cada vez que la realidad (familia, recuerdos, compromisos) estimula al protagonista, la representación de sus recuerdos responde a lo que piensa en ese momento.

Patrick, un personaje aparentemente secundario definido con la misma profundidad de campo que la de la imagen.

Patrick, un personaje aparentemente secundario definido con la misma profundidad de campo que la de la imagen.

La vuelta a los orígenes desarrolla uno de los temas centrales; los atávicos lazos sanguíneos, la culpa y la dependencia que generan los vínculos familiares. Ese retorno a Manchester y a las coordenadas del hogar hace aflorar los recuerdos más dolorosos; cuando la vida se rompe (segundo seísmo). Hablábamos en el inicio de la estética y de la metafísica. El cine de Lonergan (aunque solo sean tres películas) habla de la fragilidad humana con una sensibilidad que nunca pierde la honestidad; ahí está el inteligente manejo de las distancias de la cámara hacia el rostro de los personajes. Es un humanismo que encuentra vías de reparación a la fractura vital. En torno a Lee el relato plantea otras dos figuras que amplían el foco del personaje central. Randi (Michelle Williams), la que fuera madre de sus hijos y Patrick (Lucas Hedges) el sobrino que va a necesitar la protección de su tío.

Todos los personajes tienen “sus razones”, que diría Jean Renoir. Lo que no tienen siempre es un director que les permita desplegarlas en pantalla. En Manchester frente al mar hay pocos personajes secundarios porque todos tienen espacio para hacerlo sin depender de su exposición en el encuadre. La adolescencia de Patrick ocupa pocos minutos pero sus dudas, la incertidumbre de su destino, su indolencia y su hedonismo naif desprenden verdad. Aún más difícil (por eso más meritorio) lo tiene el personaje de Michelle Williams, que dispone de solo tres escenas para que entendamos perfectamente toda la tragedia de su personaje. Por eso, la escena final que Randi comparte en solitario con Lee (tercer seísmo) es la que termina por certificar la conquista del film. La altura cinematográfica no la determina la supuesta gravedad de los temas abordados, ni el efectismo de sus imágenes. Por eso precisamente ese último paseo de tío y sobrino rodado con tanta ternura y delicadeza, como con calma y planificación, es la forma más coherente de clausurar esta gran película. Extraño vínculo, el que establecen algunas creaciones artísticas con sus espectadores.

Javier Rueda

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