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Un sol interior (Un beau soleil intérieur, 2017)

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un_beau_soleil_interieur_let_the_sunshine_in-221261216-largeNota: 8

Dirección: Claire Denis

Guión: Claire Denis, Christine Angot (Libro: Roland Barthes)

Reparto: Juliette Binoche, Gerard Depardieu, Valeria Bruni Tedeschi, Nicolas Duvauchelle

Fotografía: Agnès Godard

Duración: 94 Min.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, el crítico está de acuerdo con la definición que hace la publicidad de esta cinta de la otrora más combativa cineasta francesa Claire Denis como “una comedia anti-romántica”. En efecto, la primera secuencia establece el tono: Isabelle está haciendo el amor y no sólo ella no disfruta, sino que su amante, no consigue el orgasmo. Todo ello filmado con una atmósfera antierótica debida a la luz directa y a diálogos prosaicos que tiran por la borda cualquier encantamiento amoroso.

Con esa secuencia de sexo frustrante, el espectador se percata de que ese amante de Isabelle tiene los días contados, por más que sea un banquero bien situado y adopte un rol de galán seguro y cierto aire “castigador” que -según él cree- le hacen más atractivo para las mujeres. A partir de ahí se suceden las búsquedas en esta mujer madura, de buen ver, en la plenitud de la vida, artista muy independiente, divorciada y madre de una niña de diez años. Juliette Binoche encarna, con la mezcla equilibrada de fragilidad, incertidumbre y fortaleza interior que requiere el personaje, a esta mujer cuyo pasado acumula demasiadas aventuras de una noche y decepcionantes flechazos. Se perciben las cicatrices de unas y otros. Probablemente quisiera renunciar a una vida en pareja, pero su sensibilidad y su afectividad se lo impiden: no está dispuesta a entrar en una vida rutinaria e indolente o a marchitarse en soledad. Sigue buscando y cada encuentro está lleno de incertidumbres; sus propias palabras buscan que se realicen sus deseos mediante la magia de su verbalización. Es decir, que hay no poco voluntarismo en cada ocasión que tiene de ligar, aunque ella misma es muy consciente de la improbabilidad de enamorarse de verdad. A veces da con tipos más maduros que ella: hombres que le plantean evitar un flirteo que no lleva a ninguna parte y puede dejar heridas. Pero no es fácil. También sucede que los personajes echan mano de las máscaras (el segundo ligue es un actor), siendo conscientes de ello o no.

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Denis escribe una sucesión de relaciones breves que, en conjunto, se presentan como una radiografía de las parejas efímeras que hay en la sociedad actual. O, si se quiere y con más rigor, de los sucedáneos de pareja con que las personas intentan llenar su vida mientras esperan la llegada del amor definitivo, arrebatador, irresistible. Ese Amor, que cada vez se aprecia más como un mito o un Ideal al alcance de muy pocos o fruto de un Azar siempre apreciado como injusto, parece desterrado en nuestra sociedad. De ahí que el relato se focalice en la figura de Isabelle y adopte la estructura de pequeños episodios un tanto deshilachados, como apuntes de relaciones que el espectador medianamente maduro ya conoce (por ejemplo, esa situación de despedida de un primer encuentro donde no se sabe si invitar al/a otro/a a subir a la casa a “tomar una copa”, según el eufemismo con que se designa la relación sexual…); ello confiere a esta comedia dramática cierto tono de ensayo, de reflexión sobre la ausencia del amor: parece ser que las guionistas se inspiran en el trabajo de Roland Barthes Fragmentos de un discurso amoroso. El tono menor que otorga esa estructura episódica y los toques de humor no deben engañar: es una película sólida con una inteligente representación de las complejidades e insatisfacciones de los afectos en tiempos posrománticos.

Denis no establece ninguna tesis y el brillante final subraya que no existe ni un manual, ni un maestro ni una santa o santo a quien encomendarse. El vidente Denis (Gérard Depardieu) al que acude Isabelle acaba de ser mostrado como incompetente pareja; no tiene ninguna respuesta, aunque Isabelle no se va de vacío: la visita tiene sus frutos y le sirve para ratificarse en su búsqueda -la opción contraria sería la derrota- y obtiene esa frase que da título al filme y que señala la necesidad de buscar dentro de uno mismo, apreciar lo que uno tiene, valorar el grado de autoestima, sobreponerse a la soledad y al fantasma de la derrota. Todo un programa, bien mirado. Incluso cuando Cupido errara todos sus disparos.

José Luis Sánchez Noriega

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