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Viva la libertad (Viva la libertá) (2013)

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Nota: 7

Dirección: Roberto Andó

Guión: Roberto Andó, Angelo Pasquini

Reparto: Toni Servillo, Valerio Mastandrea, Michela Cescon, Valeria Bruni Tedeschi

Fotografía: Maurizio Calvesi

Duración: 90 Min.

En una entrevista publicada en marzo por el diario El País, Toni Servillo comentaba, preguntado por la situación política y social en Italia, que “ya no se cree ni en nada ni en nadie”. Esta escéptica frase resume parte del escenario simbólico que esboza “Viva la libertad”, una ágil sátira que tiene como principal atractivo, precisamente, un gran Servillo por partida doble. El veterano Roberto Andó confecciona, pese a mantenerse en una línea ligera e irregular, una fábula inteligente que reflexiona sobre la realidad política – no solo la italiana, me atrevería a decir- con ironía y melancolía.

No es muy habitual que la adaptación al cine de un libro la dirija la misma persona que ha escrito la obra original.  Esto es lo que ha hecho el siciliano Andó, que ha convertido su último libro, “El trono vacío” (2012) (yo no habría cambiado el título), en esta ocurrente película. Ser tú mismo el que traduzca y adapte tus propias palabras en imágenes no es garantía de nada, pero en este caso ha supuesto una base discursiva quizás no muy rompedora y algo cándida, pero coherente y madura. “Viva la libertá” apunta de forma directa al descrédito de una política institucional convertida en espectáculo, a una lucha perdida desde arriba por generar identificaciones políticas, alejados de un pueblo desilusionado y atomizado.

Las novela y la película plantean el mismo punto de partida: el líder del centro-izquierda italiano, con el partido en sus cotas más bajas de popularidad, huye deprimido a Francia sin dejar rastro; su hermano gemelo, filósofo y enfermo mental, se hace pasar por él al frente del partido. La película está construida, por lo tanto, en base al recurrente tema del doble; un juego de espejos y dualidades de la existencia que se va alternando en el montaje, compensado en sus diferentes tonos por dos personalidades contrapuestas, dos caras de la misma moneda. Giovanni Ernani, el filósofo loco, es el factor que introduce el cambio hacia el exterior; Enrico Olivieri, el político deprimido, busca la motivación que produzca un cambio en su interior.

El director se maneja así en diferentes registros, aunque no con los mismos resultados. Las  escenas más intensas y brillantes son las protagonizadas por el pasional Ernani al son de la música de Verdi; mientras que el homenaje cinéfilo y la recuperación íntima de Enrico, aunque mantienen la lógica interna y la predisposición a disfrutar de cavilaciones diferentes, dejan una sensación de mayor artificialidad y pierden fuelle a medida que pasan los minutos. Seguramente, parte de la culpa de este irregular retiro francés nace también de la ausencia de un personaje como el del secretario Andrea Bottini (bien interpretado por Valerio Mastandrea), que, sin hacer mucho ruido, funciona como contrapunto y ejemplo de la nueva esperanza política que supone para todos el renovado discurso de Ernani.

Aún así, el rey de la fiesta sigue siendo el mismo: cuando todavía teníamos en mente al ya mítico Jep Gambardella de “La gran belleza”, vuelve a aparecer Toni Servillo para regalarnos otras dos grandes actuaciones. El doble registro, incluso en su vertiente más exagerada, es sobresaliente, y gracias a él la película se sostiene en su más flojo y confuso último tercio. Nadie pone en duda que Servillo es uno de los actores europeos más talentosos y más en forma del momento.

“Viva la libertad” es una película de alma  italiana y  vocación universal, un cuento de poética ligereza que va en busca de la ilusión perdida en estos tiempos oscuros. Ingenua, algo postiza e intermitente, pero con los elementos suficientes para que se le de una oportunidad.

Arturo Tena – @artena_

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