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Contra la Tiranía de la Última Novedad

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Precisamente hoy, viernes 7 de febrero, día de estrenos, me rebelo contra la tiranía de la última novedad. Me he levantado y he decidido vestirme con la ropa más gastada que he encontrado en mi armario. He rescatado del olvido ese reloj que siempre me gustó, pero que dejé de usar porque siempre se retrasaba cinco minutos. Hoy, viernes de estrenos, he decidido no ir al cine, sino recurrir a ese apartado de mi videoteca particular dedicado a las películas que no me enamoraron a primera vista, que no pulverizaron records de taquilla, que me sorprendieron cuando menos lo esperaba.

Disculpen este pequeño arrebato y permítanme una breve explicación. Últimamente no dejo de pensar que el espectador moderno, servidor incluido, es impaciente por naturaleza y tiende a la ley del mínimo esfuerzo. Cualquier película que no atraiga su atención desde la primera secuencia, es candidata a ser una víctima más del abandono a mitad de proyección, el “stop prematuro” en el reproductor de turno, o simplemente de convertirse en el ruido de ambiente de cualquier hogar.

Aún recién nacidas, son proyectadas en las salas de cine y reciben un plus engañoso de atención, únicamente debido a su condición de “última novedad”. Una vez crecen y abandonan los dominios de papá proyector, se establecen temporalmente en el mercado de alquiler, y es ahí cuando empiezan los problemas. El espectador no ha gastado tanto como en la entrada de una sala de cine, pero el desembolso efectuado le ayuda a mantener cierto interés; interés que no hubiera hecho acto de presencia en la siguiente y temida fase (televisión y exposición a las descargas ilegales), pero que tampoco garantiza al 100% su visionado completo.

Es el momento en que sólo los clásicos instantáneos y los grandes éxitos comerciales sobreviven; aún así, dicha condición no garantiza una aceptación masiva, sino simplemente un cierto grado de tolerancia. El resto de películas, aun siendo de reciente producción, tan solo pueden aspirar -con mucha suerte- a convertirse en obras de culto y ser objeto de veneración por parte de una minoría entusiasta. En la mayor parte de los casos, la calidad del producto en cuestión no tiene gran relevancia.

Foto de el Cine Dore, cortesía de "Disparo, luego existo"

Y todo esto sucede en sus primeros años de existencia. A medida que transcurre el tiempo, su futuro se va empañando y adquiere un tono progresivamente oscuro. Porque vivimos en una sociedad obsesionada con los estrenos más radiantes, las recaudaciones del primer fin de semana, y el “no voy al cine para pensar”; una sociedad que rechaza el blanco y negro por sistema, independientemente de sus valores artísticos y su potencial lúdico; una sociedad en la que Twitter triunfa por su capacidad de apaciguar nuestra impaciencia y compensar nuestro déficit de atención.

Con este breve artículo, tan solo pretendo invitar a la reflexión y al abandono de algunos prejuicios anclados en nuestro subconsciente. Propongo una rebelión contra la tiranía de la última novedad. Pero sobre todo propongo atajar este problema de raíz, reclamando una educación que no siga marginando el Séptimo Arte de manera sistemática; que nos ayude a comprender su lenguaje y a disfrutar de todas sus posibilidades. Propongo una quimera, lo sé; pero permítanme soñar, aunque sólo sea durante un fin de semana.

Carlos Fernández Castro

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5 Comentarios

  1. Que no sea solo hoy. Vivamos el cine por placer, vivamos la vida por placer…
    Si no, nada de lo que escribimos tendrá sentido; disfrutaremos menos del cine, de la vida: Y lo que podamos contar siempre estará cojo, perderá valor.

    Bienvenida sea tu declaración de intenciones.

    Álvaro.

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  2. sueña, Carlos, sueña, que hasta ahora todos tus sueños se han hecho realidad, como para no invertir en ellos :)
    seguramente algun dia el cine será asignatura obligatoria ocme la historia del arte (no se si en España lo es…) me temo solo que como es Arte “nuevo” comparado a los demas solo necesita su tiempo de asimilación en la masa y las instituciones.

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  3. Una reflexión interesante, he pensado a menudo en lo que dices. Personalmente suelo huir de las novedades por el mero hecho de serlo y busco una historia que me diga algo. Aunque ciertamente, si no me engancha en 20 minutos, lo dejo. Con los libros un poco de lo mismo ¿Cada vez más impacientes? Puede ser. También es que cada vez hay más para elegir, y nadie quiere perder el tiempo con algo que ni fu ni fa cuando queda tanto por descubrir.

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    • Buenos días Miguel,

      estoy de acuerdo contigo, pero podría emplear varios minutos para repasar todas esas películas no me engancharon de primeras, pero que se convirtieron en obras de referencia dentro de mi universo cinéfilo. La impaciencia puede privarte de grandes placeres, así como de poder opinar sobre determinadas cosas en el criterio debido. En fin, hay obras que necesitan tiempo para poder ser plateadas y posteriormente calar hondo en el espectador. Además, también debemos conocer lo malo para saber apreciar lo malo.

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