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La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket) (1987)

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La valoracion de nuestros lectores:
Rating: 9.7/10 (7 votes cast)

Nota: 9,5

Dirección: Stanley Kucrick

Guión: Stanley Kubrick, Michael Herr, Gustav Hasford

Reparto: Matthew Modine, Vincent D’Onofrio, R.Lee Ermey, Adam Baldwin

Fotografía: Douglas Milsome

Corre el año 2011. Se despliega tórrido el agosto de Madrid. Las chicas jóvenes se perforan sus labios superiores con chinchetas multicolor, se implantan uñas de porcelana blanco inmaculado, y escuchan – por desgracia a viva voce – reggaeton en el cercanías. Los chavales por su parte, idean peinados dignos del ave del paraíso mas estrambótica, se tatúan en el antebrazo su nombre o el de la parienta ocasional, o lo que es peor, lucen orgullosos pulseras de goma en apoyo de José Mourinho. El mal gusto, constatamos, ni murió con los 90 ni está en decadencia. De hecho, somos muchos sus amantes, sus fieles y abnegados súbditos. No me malinterpreten, no soy aficionado a la bronca chabacana ni acólito del “perreo”, pero de lo más profundo de mi ser, de lo más verdadero, surge una apetencia innata por lo sórdido, lo cutre, lo estrafalario o lo estúpido. Lo anómalo, en suma. Me gusta el arte de los locos, fui “gutista” hasta la médula, y me río a carcajadas con Pedro Reyes. En materia cinematográfica todo esto no podría encontrar su traducción sino en la consecuente e inevitable querencia por la Serie B.

Pero no me centraré ahora en la génesis del género, ni en su descripción e historia, pues de ello se ocupó precedentemente – en magnífico artículo – Carlos Fernández Castro.

Ésta es, sin embargo, una suerte de introducción a una serie de críticas centradas en cintas no especialmente ortodoxas, mas indiscutiblemente magnéticas e imperecederas, que podríamos calificar como “Joyas de la Serie B moderna” – según lo que yo entiendo por Serie B, claro está -.

“A la sensibilidad por lo inesencial, a su esencialidad por lo trivial (…) se suma la visión tan piadosa como cruel respecto al pobre ser humano nacido en este mundo. Pero no por todos los pobres seres humanos del mundo se siente igual, sino especialmente por aquellos que hallan en el mal gusto una fuente de felicidad gastronómica envidiable” Vicente Verdú sobre las fotografías de Jordi Bernadó (EL PAÍS SEMANAL).

Para dar inicio a dicha colección, permítanme comenzar por Kubrick y su “Full Metal Jacket” de 1987. Kubrick es de los pioneros en hacer Serie B por gusto, y con gusto. Una Serie B concienzuda, provocadora, perturbadora, maniáticamente perfecta.

Liberándose de los parámetros estéticos imperantes para producciones de la ambición de sus filmes, logra dotar a sus obras de esa atmósfera tan particular del lenguaje Kubrick. Halógenos brillantes, geométricas moquetas, futuristas estancias o estrambóticos cuadros, todos ellos combinados con una enigmática incoherencia, sirven de perfecta contextualización para el trágico surrealismo de sus secuencias clave, el terror latente tan propio de sus historias.

Álex y sus drugos en “La naranja mecánica”

Una de las obras que mejor resume su ideario estético-formal es “La chaqueta metálica”. Un film partido en dos, que retrata un mundo partido en dos: aquellos que han padecido el estrés post-traumático, y aquellos que aún no. Una película que, a pesar de la profusión de palabras vertidas en pantalla, tiene en sus diálogos mudos – aquellos conducidos mediante la intensidad dramática de sus miradas – su punto más destacable, casi inmortal.

“Aquí mi fusil, aquí mi pistola. Una dispara, la otra consuela”

Nos encontramos, según mi humilde parecer, ante el film bélico más implacable contra los apologistas de la guerra – y aquí Kubrick ya tiene excelsa experiencia: Senderos de gloria (1957) – . Un alegato contra la manipulación torticera que algunos llevan efectuando durante años, y que ha condenado a generaciones de jóvenes americanos (y no americanos) al horror y al desconcierto propios de la guerra; a una eterna sensación de insignificancia que difícilmente encuentra cura.

-¿No quieres a tu país?

-Sí, señor.

-Entonces sigue la corriente. ¿Por qué no arrimas el hombro como los demás para la gran victoria?

-Sí, señor.

-Hijo, lo único que le pido a mis marines es que obedezcan mis órdenes como si fuera la palabra de Dios. Estamos ayudando a los vietnamitas aquí, porque dentro de cada amarillo hay un americano luchando por salir.

Este es un mundo muy cabrón, y hay que mantener la cabeza fría hasta que esa manía por la paz se deshinche.

.

“Come you masters of war
You that build the big guns
You that build the death planes
You that build all the bombs
You that hide behind walls
You that hide behind desks
I just want you to know
I can see through your masks.”

Bob Dylan – Masters of war (1963)

Kubrick, al igual que otros maestros coetáneos que sitúan en Vietnam el escenario bélico a retratar, emplea el humor ácido como disolvente con el que eliminar todo rastro de épica en su historia. La guerra es una mierda a la que nadie debe honrar, y los soldados víctimas de una imperdonable canallada. Niños metamorfoseados en locura, maldad, idiotez o muerte.

Kubrick cuenta para la ocasión con una banda sonora perfecta (algo usual en su producción) y una terna de actores – fundamentalmente jóvenes, casi totalmente desconocidos – que no le dejan en la estacada. Destacan los trabajos de Matthew Modine (Bufón), voz conductora y elemento cohesionador de la historia; y de Vincent D´Onofrio (Soldado Patoso), célebre años más tarde por su interpretación de granjero poseído en Men In Black (Hombres de negro)”.

Pero sobre todos ellos, emerge la figura de R. Lee Ermey como el ya mítico Sargento Instructor Hartman. Ermey, veterano de Vietnam, fue contratado como mero aleccionador del actor encargado de dar vida al verborreico sargento. No tardó en impresionar durante los ensayos a todo el equipo técnico con su habilidad para la ofensa, su apabullante dominio del insulto. Y se hizo con el puesto. Pero Ermey no carecía de formación interpretativa: estudió el oficio en Manila y tuvo su primera intervención cinematográfica a reseñar ocho años antes – como piloto de helicóptero, wagneriana Cabalgata de las valkirias mediante – en “Apocalipsis Now” de Coppola. Posteriormente su presencia queda acreditada en producciones de la talla de: “Seven”, “Arde Missisipi”, la serie humorística “Scrubs” (como padre del conserje) o poniendo su voz al servicio de la saga pixariana “Toy Story”.

Hoy en día es toda una celebridad en Estados Unidos. Aquí os dejo su Web oficial. No tiene desperdicio.

http://www.rleeermey.com/

Matthew Modine aguanta estoico el chaparrón de Ermey.

Bufón y Pedazo, ergo, Adam Baldwin (no confundir con los Baldwin de toda la vida) rumbo al “fregao”.

Partiendo de la semi-autobiográfica novela de Gustav Hasford, “La chaqueta metálica” sería la penúltima joya que nos legaría el genial cineasta neoyorquino antes de fallecer. Una de las mejores cintas de cine bélico jamás filmadas. Una intensísima experiencia. Una obra de arte hundida en el pantanoso infierno de la sinrazón, transmutada en esta ocasión en la más pútrida de sus apariencias, en la más vil de las creaciones del hombre: la guerra.

Soy cojonudo. Y no es ningún farol. Yo tengo 157 caras amarillas cargados; y 50 búfalos también. Todos con certificado.

¿También mujeres? ¿y niños?

Algunos.

¿Y cómo has podido matar a mujeres y niños?

Fácil. Solo hay que apuntar un poco mejor… ¡Qué puta es la guerra, eh!

Fragmento de “Full Metal Jacket” (1987) – Guión de Stanley Kubrick, Gustav Hasford y Michael Herr.

Alberto G. Sánchez – Pelucabrasi

La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket) (1987), 9.7 out of 10 based on 7 ratings

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