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Confinamiento 22/03/2020: El sanatorio de Clepsidra (1973)

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Desde una perspectiva cinematográfica, necesitaba una dosis de mal rollo. Y no exagero si os confieso que El Sanatorio de Clepsidra, de Wojciech Has, es una de las experiencias más perturbadoras que he visto en una pantalla de cine. Desde su arranque, a lomos de un tren repleto de lo que parecen ser muertos vivientes, Has nos sumerge en una dimensión paralela en la que el espacio y el tiempo responden a unas leyes impuestas por otra realidad.

El protagonista visita a su padre en un sanatorio derruido, caótico y abandonado en mitad de ninguna parte. Una apariencia que le extraña, pero que no parece sorprenderle. Así como tampoco parece sorprendido ante el comportamiento más que peculiar de los trabajadores del sanatorio, ni ante los cambios de escenario que proporciona la entrada en cualquiera de las dependencias del edificio: los bajos de una cama o el rincón más insospechado de una habitación pueden dar acceso a un bar de la antigua Polonia, a un cementerio abandonado, al pueblo en el que creció, a la tienda de sus padres, a un prostíbulo…

Todo cabe en esta pesadilla compuesta de recuerdos de infancia y juventud, de guerras pasadas, de un judaísmo agonizante tras la segunda guerra mundial. La extrañeza y la interacción entre un protagonista en tiempo presente y una narración en pasado adulterado, impiden el tono nostálgico de esos viajes en el tiempo que permiten revivir a un padre moribundo y unos recuerdos que, en otras circunstancias, hubieran sido entrañables. En medio de este caos, Has parece moverse como pez en el agua.

La fluidez de sus transiciones elevan a otro nivel el formidable diseño de producción de una película que parece salida de una cabeza en estado febril. Gracias a sus planos largos, se afianza la autenticidad de una propuesta que sobre el papel parecería un cúmulo de fragmentos sin conexión. Sin embargo, su manejo del espacio obra el milagro y propicia una extraña cohesión. Quizás no haya respuestas para todas las preguntas en su primer visionado, pero ¿acaso importa? Queda esa sensación que solo deja el buen cine cuando se apropia de un trozo de tu memoria.

Carlos Fernández Castro

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