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Secuencias inolvidables: Butch Cassidy and the Sundance Kid

Dos hombres y un destino’ o, lo que es lo mismo, ‘Butch Cassidy and the Sundance Kid’ es uno de esos westerns que cambiaron la manera de entender el género. Puede apreciarse en esta magnífica presentación del personaje interpretado por Robert Redford. La cámara permanece atenta a su rostro mientras juega a las cartas y permanece en el mismo lugar durante el proceso en el que su contrincante le acusa de haber hecho trampas.

En todo momento se aprecia una actitud tranquila, pausada pero al mismo tiempo determinada, confiada en si misma. No hay prepotencia en su actuar, sabedor de que el riesgo lo corren los demás al enfrentarse al pistolero más rápido del lugar. La seriedad es absoluta hasta que Paul Newman (Butch Cassidy) entra en escena y aporta ese aire cómico que sobrevuela toda la película, advirtiendo al dedo acusador de que está cometiendo un error que, por otro lado, puede ser corregido muy fácilmente.

«Si nos pide que nos quedemos, entonces nos iremos» le responde Redford a Newman cuando el segundo se da cuenta de que el desconocido acaba de cometer el error de subestimar a la pistola más rápida del oeste y le pide comprensión. Ahí entra la magia de William Goldman escribiendo unos diálogos realmente inteligentes e ingeniosos que dan a la escena un cariz inusual y lejos de los estereotipos vigentes del género.

Es maravilloso comprobar cómo el tipo se arrepiente de haber acusado a Sundance en el momento que Butch revela su identidad llamándole por su nombre. George Roy Hill mantiene el plano sin cortar, la mayor parte del tiempo centrado en la mirada sostenida de Redford y solo al final siguiendo las cómicas artimañas de Newman para evitar el tiroteo. Cuando cambia de plano, ofrece una vista general de los personajes que engaña al espectador insinuando una resolución al estilo clásico. Nuevamente seremos sorprendidos. Se trata de unas composiciones en profundidad de una elegancia formidable que demuestran el dominio del director en la gestión del espacio narrativo.

Para rematar la escena, el temible forajido acaba haciendo una demostración de sus habilidades tras ser preguntado, tras haber cedido a las peticiones de Newman, si verdaderamente es tan bueno con el revolver. Recurriendo al estilo de la vieja escuela, Sundance desenfunda su arma y le muestra al tipo qué hubiera sido de él si no hubiera rectificado sus injurias, culminando el choque fascinante entre el nuevo y el viejo oeste que representa esta escena y subrayando el carácter transicional de la época en la que se desarrolla la película.

Carlos Fernández Castro

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