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Pierre Etaix: el último gran cómico

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Desconozco la razón por la que, hasta este momento de mi vida, no había tenido constancia de la existencia de Pierre Etaix. Nadie lo mencionó en mi formación académica, en mis muros de RRSS ni en mis tertulias cinéfilas. Casualmente, hace unas semanas leí sobre su cine en algún libro que ya no recuerdo y decidí darle una oportunidad. Confieso que me hubiese conformado con mucho menos.

En sus obras, encontré un discípulo confeso de Jacques Tati (fue su ayudante de dirección en Mi Tío), que me hizo recordar el estilo cómico de Buster Keaton. Y guiado por esas huellas, descubrí la personalidad única y genuina de un cineasta francés relegado al olvido por motivos ajenos a lo cinematográfico. Durante años, sus obras fueron inaccesibles, hasta que en 2010 recuperó los derechos de su cine y nosotros recuperamos el privilegio de disfrutar una filmografía única e irrepetible.

Como bien sabéis, no abundan las comedias inteligentes e ingeniosas que nos hagan reír, que nos insuflen ese joie de vivre tan ausente en estos tiempos oscuros que corren y que, al mismo tiempo, nos inviten a reflexionar sobre esas pequeñas cosas de la vida que ocupan nuestros pensamientos más relevantes. Por eso es tan importante el cine de Pierre Etaix y por eso es necesario reivindicar películas como Yoyo, Mientras haya salud, El gran amor y Feliz aniversario.

El pretendiente (1962) supuso mi primer contacto con su universo. Jamás olvidaré este homenaje distante a las Siete ocasiones de Buster Keaton. Pierre busca el amor desesperadamente en cada mujer que conoce y emula, sin éxito, diversas fórmulas de seducción que otros han validado con sus conquistas. Mediante el montaje y una imaginación repleta de frescura, Etaix diseña situaciones hilarantes que encuentran en el sonido y en el humor físico la clave de su éxito.

Ya son historia del cine los sueños hechos realidad en la intimidad de su dormitorio y esa noche en busca de su media naranja, que desemboca en una atracción fatal. Gags que construyen un hilo argumental relativamente sólido y que proponen una interpretación realista de la naturaleza caprichosa del amor: en ocasiones, buscamos la chispa adecuada, el amor a primera vista o los fuegos artificiales sin apreciar lo que está al alcance de nuestra mano por el mero hecho de su proximidad.

El pretendiente es deliciosa y genuina de principio a fin. Recomendable para los espíritus risueños y los que admiran la inteligencia en los actos de creación. A lo largo de su carrera, Etaix realizaría seis largometrajes y cuatro cortos. Uno de estos últimos, Feliz Aniversario, ganador del Oscar en 1962. No es una carrera demasiado larga, pero bastó para dejar una muesca en ese apartado de la historia del cine en el que pocos logran triunfar: la comedia. Por esta misma razón merece el reconocimiento y la atención de todo cinéfilo que se precie de serlo.

Carlos Fernández Castro

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