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Página en Blanco (The Grass is Greener) (1960)

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Nota: 7,5

Dirección: Stanley Donen

Guión: Hugh Williams, Margaret Williams (sobre su obra teatral)

Reparto: Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum, Jean Simmons, Moray Watson

Fotografía: Christopher Challis

Stanley Donen siempre se caracterizó por su cine elegante y su gusto por los guiones ágiles e inteligentes. “Página en Blanco” no es una excepción. A pesar de basarse en un obra de teatro, el director de “Cantando Bajo la Lluvia” se las apaña para transformarla en un artefacto cinematográfico de primera calidad, apoyándose en un reparto en estado de gracia y un magnífico sentido del ritmo. Con cuatro paredes, cinco actores y un director con oficio asistimos a una comedia sofisticada e hilarante, que invita a la reflexión, evitando la demagogia.

Victor (Cary Grant) y Hilary Rhyall (Deborah Kerr) estan felizmente casados;  viven en una mansión inglesa que, a día de hoy,  no pueden costearse, por lo que han decidido organizar visitas guiadas por la misma, con el fin de sacar unas libras de más. Un día, uno de los numerosos turistas que frecuentan la mansión (Robert Mitchum) se cuela en las dependencias privadas de los Rhyall y coincide con Hilary. Ambos se sienten instantánea y mutuamente atraidos. En pocos minutos, lo que parecía un matrominio sin fisuras, se tambalea irremediablemente. Grant se da cuenta enseguida y maquina un complejo plan para recuperar a su esposa.

“Página en Blanco” habla sin pudor del adulterio, algo poco habitual en la época y mucho menos siendo protagonizada por actores de renombre. La valentía del guión radica en el tratamiento que se le da al tema; no hay intención de sermonear, aunque el mensaje que mande su título sea que siempre es mas verde el césped de enfrente que el nuestro, es decir, aprende a valorar lo que tienes. De ahí mi profunda indignación, una vez más, por las nefasta interpretación, que no traducción, del título.

Lo interesante es el enfoque que presenta Stanley Donen. Podría haber construido un drama, basándose en la impotencia y la tristeza que siente el personaje de Grant por haber perdido a su esposa, pero no lo hace. Presenta un acercamiento  mucho mas cómico y positivo, apoyándose en un ingenioso guión, que proporciona geniales líneas de diálogo para sus personajes. Probablemente no sean exactamente éstas las que causen la comicidad de las diversas situaciones que se dan en la película, sino mas bien el cinismo e hipocresía de sus personajes, habitualmente inmersos en conversaciones en las que unos ocultan información o hechos, aun sabiendo que, probablemente, los otros tengan conocimiento de los mismos. Los guionistas exprimen excelentemente este recurso y nos regalan momentos memorables como la llegada de Hilary, acompañada casualmente por Charles (Robert Mitchum), de Londres.

Es evidente el origen teatral del guión, pero el buen hacer de Donen logra que la película adquiera una serie de virtudes solo posibles a través del cine. La sutilidad en las interpretaciones de Kerr o Grant no sería posible en un escenario, al igual que secuencias tan logradas como la correspondiente a la conversación telefónica con la pantalla partida por la mitad, que resulta ser una de las mas graciosas de la película.

Como hemos dicho con anterioridad, gran parte del éxito de la película es debido a la gran labor de sus actores. El que mas sorprende es Robert Mitchum, realizando una interpretación sorprendentemente digna, por lo poco habitual de sus papeles cómicos. Deborah Kerr hace alarde de su elegancia habitual, mientras que Jean Simmons esta desatada en su interpretación. Cary Grant vuelve a ofrecernos un recital casi sin esforzarse. La forma de moverse, de hablar, de gesticular…todo en el resulta natural. Con cada interpretación del actor inglés, uno se da cuenta del perfecto timing que tiene a la hora de intervenir en cada uno de sus planos. Magistral.

Algo que me llama bastante la atención es el duelo Inglaterra – Estados Unidos al que asistimos en la primera conversación de Kerr y Mitchum. Cada uno ataca costumbres o tradiciones propias de su país, saliendo Inglaterra claramente airosa de la contienda. No tendría la mayor importancia si durante la película no hubiera dos bandos tan claramente definidos: un matrimonio aristocrático inglés venido a menos, con una larga tradición familiar y una vasta cultura, frente a un “nuevo rico” americano, con un pasado bastante insignificante y enriquecido por el petróleo. Ahí queda.

No es la mejor obra resultante del tandem Donen-Grant, peo sí una gran comedia que destila clase y humor inteligente por los cuatro costados. Muy recomendable.

Carlos Fernández Castro

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