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An Elephant Sitting Still (2018)

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Dirección. Hu Bo Guion: Hu Bo Reparto: Zhang Yu, Peng Yuchang, Wang Uvin, Li Congxi Fotografía: Fan Chao Duración: 234′

No hay muchas imágenes que inviten a la contemplación tanto como un elefante sentado sin realizar un solo movimiento ¿Puedes imaginarlo? Es como si el tiempo se detuviera. Y no es habitual que el tiempo se detenga por nada ni nadie. Llega la hora de preguntarse si merece la pena huir de los problemas y buscar un lugar donde parar y reflexionar, o si es mejor dejarse llevar por la inercia antes que sucumbir a los nuevos problemas de un nuevo destino. Porque hay días que son como la gota que colma el vaso y An Elephant Sitting Still es un retrato de ese tipo de días para sus cuatro personajes principales.

En su formidable debut, Hu Bo prescinde del pasado de sus protagonistas y plantea un presente in media res en el que las vidas de Wei Wu, Huang Ling, Yu Cheng y Wang Jin rebasan los límites de una miseria controlada. Un suicidio, un accidente con bullying de por medio, la publicación no consentida de un vídeo y la propuesta de traslado a un asilo, provocan la reacción de cada uno de los protagonistas del film e impulsan una narración en la que varias líneas argumentales son desarrolladas y entrelazadas a lo largo del metraje.

A pesar de sus cuatro horas de duración, la película de Bo combina dinamismo y contemplación sin perder el equilibrio en ningún momento. La acción y la reflexión se alternan para lograr un ritmo que atrapa la mirada del espectador y le sumerge a partir de un arranque que inmediatamente pone las cartas sobre la mesa. A continuación, el director y guionista propone un desarrollo argumental en el que personajes y situaciones muestran más compromiso con la realidad que con los estereotipos propios del cine. De esta manera, la credibilidad y la sorpresa cuajan una relación poco habitual en la gran pantalla.

Desde el punto de vista estilístico, sorprende que un debutante exhiba una personalidad tan definida. Su estética parece el resultado de una larga filmografía en busca de un estilo propio. Hu Bo filma a sus personajes en ligeros contrapicados que les aísla de su entorno. Y cuando quiere extender su radio de acción, regresa a la altura de los ojos y ofrece un entorno desenfocado pero suficientemente distinguible para ofrecer información al espectador sin renunciar al protagonismo del ocupante del plano más próximo. Su cámara al hombro propone un punto de vista realista y la duración de los planos apuesta por la naturalidad de las interpretaciones y por la intensidad de la dirección. Del tono melancólico y deprimente que barniza cada plano, se encarga la fotografía apagada de Fan Chao.

El director rechaza el simplismo en la construcción de sus personajes y en la exposición de los conflictos que condicionan su particular día de furia. ¿Que se esconde detrás de un matón de barrio? Quizás un corazón roto y una familia disfuncional. ¿Que hay detrás de una relación prohibida entre un adulto y una menor? Tal vez la falta de cariño. ¿Qué motiva el abandono de un abuelo o la agresividad de un joven tranquilo? Encontramos la respuesta en la realidad de un país que mientras esconde sus miserias debajo de la alfombra, presenta unas credenciales engañosas de puertas afuera.

A pesar del espíritu realista de su propuesta, las imágenes de Bo destilan un lirismo especial. La tristeza y la tensión se apoderan de una atmósfera que oprime lentamente la narración hasta llegar al último plano del film. De repente, el devenir implacable de los acontecimientos se paraliza cuando un elefante barrita y anuncia su sentada. Ese gigante que representa a China se ha plantado: no importan los derechos humanos, no importan las libertades, importa el escaparate y no importa el interior… Todo lo que tenía que suceder ya no tiene vuelta atrás. El mundo seguirá siendo un lugar hostil donde la ausencia de amor condiciona la existencia del ser humano. El problema es tan sencillo como difícil es su solución.

Carlos Fernández Castro

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