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La profesora de parvulario (The Kindergarten Teacher, 2018)

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La profesora de parvularioNota: 8,5

Dirección: Sara Colangelo

Guion: Sara Colangelo (inspirada en la película de Nadav Lapid)

Reparto: Maggie Gyllenhaal, Parker Sevak, Rosa Salazar, Anna Barynishikov, Michael Chernus, Gael García Bernal

FotografíaPepe Avila del Pino

Duración: 96 Min.

¿Cuántos talentos se han perdido por el camino que transita de la infancia a la adolescencia? Probablemente estés pensando en ti mismo. Tus padres no supieron ver lo que hoy día ves con una claridad meridiana: apuntabas a actor y has acabado delante de un libro de contabilidad, se te daban bien las letras y hoy eres un ingeniero. A veces por una cuestión de dejadez parental y en otras ocasiones por una practicidad mal entendida. De hecho, no sería de extrañar que intentaras enmendar los errores que cometieron contigo a través de la educación que ofrezcas a tus hijos. A partir de ese momento, corremos el riesgo de proyectar necesidades propias en mentes ajenas y, consiguientemente, coleccionar expectativas insatisfechas. Es cuando entra en juego la frustración.

La profesora de parvulario parte de esta premisa y va un paso más allá. Adaptando el guión de Nadav Lapid a la cultura americana, Sara Colangelo emplea la frustración como el motor de una película cuya protagonista encuentra en un jovencísimo alumno la solución a sus sueños incumplidos. O al menos eso es lo que ella imagina. La poesía que brota espontáneamente de la boca de un niño se resiste a nacer en la mente de una profesora cuyos versos demuestran una absoluta ausencia de talento.

Sin descuidar el apartado visual, Colangelo se apoya en la solidez de un guión que construye cuidadosamente el perfil psicológico de su protagonista. La representación de sus desequilibrios internos es tan sutil como la de su anómalo comportamiento social y familiar. Durante todo el metraje, la vida conyugal de Lisa es mostrada en planos largos, estáticos y repletos de silencios incomodos, que denotan una relación desgastada y carente de esos estímulos intelectuales que también echa en falta en sus hijos. El personaje interpretado por Maggie Gyllenhaal no acepta la realidad que le ha tocado vivir y busca una vía de escape que le transporte a una dimensión paralela en la que el medio se adapte al individuo y la justicia divina premie el talento sobre la mediocridad.

La profesora de parvulario

Y precisamente en este punto es donde la película rompe una lanza en favor de la normalidad (que no del conformismo) como única alternativa a la ausencia de genialidad. Y lo hace a través de los hijos de la pareja protagonista, que en dos pinceladas son retratados como el contrapunto a las aspiraciones intelectuales de su progenitora. ¿Qué hay de malo en asumir nuestras propias limitaciones? Asimismo, La profesora de parvulario cuestiona una sociedad y un sistema educativo que no son capaces de detectar el potencial de sus miembros más capacitados o, al menos, de ofrecerles la posibilidad de desarrollar sus dones. No sería descabellado pensar que el protagonista infantil llegara a convertirse en un adulto muy semejante a su profesora.

En esta ocasión, la poesía se erige en el nexo de unión entre el talento involuntario de un niño de cinco años y la vocación frustrada de una mujer ya entrada en la cuarentena. Las edades de los personajes contribuyen a establecer dos alturas que obligan a un desequilibrio constante en la composición de los planos: no se recoge en un mismo encuadre a ambos salvo cuando la profesora baja al universo de Jimmy. En este sentido, el póster de la obra original de Lapid, que muestra el cuerpo entero del niño y corta el cuerpo de esa docente preocupada por salvaguardar el inmenso potencial de su alumno, es más acertado que el de esta nueva versión, sobre todo a la hora de marcar esos dos niveles.

A lo largo del film, Colangelo transmite una sensación de extrañamiento. Y no solo se trata de la inestabilidad mental de Lisa sino de unas situaciones que formalmente invitan a pensar en algún tipo de abuso (el sexual amenaza en la sombra) aunque objetivamente apelen a una cierta (y falsa) normalidad. ¿Cómo juzgar una relación de poder en la que el fin, aún siendo loable, no es capaz de justificar los medios? La profesora de parvulario camina constantemente por el alambre y empuja al espectador a un visionado incómodo que impide separar las luces de las sombras para quedarse con el mal menor como mejor versión del ser humano.

Carlos Fernández Castro

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