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Libros de cine: Berlanga. El último austrohúngaro.

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Acabamos de terminar el centenario del gran Federico Fellini (1920-1993) y entramos en el del no menos grande Luis García Berlanga (1921-2010). Dos cineastas de la misma generación con una forma próxima de comprender y hacer cine, crecidos en contextos sociales muy paralelos y en espacios vitales y culturales próximos.

El Mediterráneo colorista y carnavalesco, la crítica a la hipocresía social, la aceptación natural del sexo sin remilgos, el gran teatro del mundo y el gusto por el espectáculo, los “raros y curiosos” tratados con ternura… son muchos los elementos comunes de estos dos cineastas. No por casualidad cada uno ha generado un adjetivo ante la inexistencia de otro que lo definiera: “felliniano” y “berlanguiano” (aceptado éste por la RAE hace bien poco); y tampoco por casualidad Joaquín Sabina en su tema “Más de cien mentiras” unía estos dos nombres al señalar entre las cosas por las que no hay que cortarse las venas, por las que vale la pena vivir, «monjas de Fellini, curas de Berlanga». Celebrar los dos centenarios en continuidad y revisar sus películas resultará muy estimulante para los cinéfagos.

Presiento que, además de valorado como uno de los grandes del cine español,  Berlanga es un director admirado y popular; pero cuya imagen pública es un tanto desdibujada, quizá polisémica, como una figura cubista o un poliedro que ofrece facetas diversas a la vez. No es fácil meter en el mismo molde al director de Esa pareja feliz (1951) y al de París-Tombuctú (1999): casi medio siglo es mucha distancia.

Hace cuatro décadas Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les publicaron el libro de conversaciones El último austrohúngaro, que indagaba en la figura de Berlanga a través de las películas —como no podía ser de otro modo— pero yendo más allá de ellas. Berlanga, como Fellini, es un creador, un artista poseedor de un mundo, fabricante de ficciones a través de las cuales se deslizan principios, sentimientos o juicios morales sobre la realidad. Las conversaciones muestran a Berlanga tal cual era: a ratos huidizo y olvidadizo, a ratos brillante y certero en la comprensión de su propio cine. Hidalgo y Hernández Les hicieron un espléndido y necesario trabajo que ha servido como documento para la historia del cine español, pues se trata de recopilar informaciones y opiniones sobre cada película, el estilo, los actores, los rodajes, los temas, la producción, la sociedad de la época, etc.

Ahora se actualiza en una edición mejorada y muy cuidada, puesta al día con las películas posteriores, menos valoradas por la crítica: hay quien considera que lo mejor de Berlanga está en los 50/60 con Bienvenido, Mr Marshall, Los jueves, milagro, Plácido y El verdugo. Son nada menos que cien páginas añadidas en las que Manuel Hidalgo hace una inteligente síntesis del “último” y contradictorio Berlanga, a partir de la “trilogía nacional”, señalando cómo «volvió al origen —a orígenes y antecedentes diversos— para ir cerrando cuentas pendientes, atando cabos e hilvanando hilos conclusivos» (p. 194). Llamo la atención al lector de la comprensión que hace Hidalgo en breves pero muy acertadas páginas (194-207) sobre el cineasta y su evolución, sobre los cambios de tono de las películas, de su diálogo con la realidad social y política, de su creciente escepticismo y hasta de la fragilidad de los personajes más allá de sus poses.

Añade también Hidalgo una muy útil documentación complementaria, que incluye tanto texto como fotografías y carteles, lo que enriquece la edición. Consta de una cronobiografía que da cuenta de la carrera profesional de Berlanga con datos del contexto social y cinematográfico interesantes para situar las películas y comprender los proyectos; y de la filmografía con fichas completas de toda la trayectoria del director valenciano. Por todo ello, este libro será una estupenda tribuna para celebrar este centenario y los lectores podrán decir en voz alta “berlanguiano” con conocimiento de causa.

José Luis Sánchez Noriega

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